Mientras nuestra región intenta consolidar su postergada reactivación económica, la Contraloría General de la República ha vuelto a poner el dedo sobre una llaga que desangra el futuro de los cusqueños: Cusco arrastra una alarmante cifra en inversión comprometida en obras públicas paralizadas. Detrás de cada fierro oxidado y cada zanja abierta en nuestras provincias, no solo hay millones de soles congelados por la falta de recursos financieros, controversias contractuales y el descarado abandono; hay, ante todo, una profunda crisis de gestión que condena al ciudadano de a pie a seguir esperando por agua, salud, educación y conectividad dignas.
Caminar hoy por las calles de nuestra Ciudad Imperial o recorrer las provincias de nuestra región, es constatar un inventario del desaliento. Según los reportes del órgano de control, la falta de liquidez y el incumplimiento de contratos son los principales jinetes de este apocalipsis de la infraestructura regional. No estamos hablando de abstracciones macroeconómicas; hablamos de hospitales que debieron mitigar el dolor de nuestras familias, colegios que debieron albergar el talento de nuestros niños y proyectos viales vitales para que nuestros productores agrarios conecten con los mercados.
Resulta un contrasentido indignante que, siendo Cusco una de las regiones que históricamente percibe importantes recursos por conceptos de canon, la incapacidad técnica y la miopía política nos mantengan rehenes de proyectos con ejecución cero. El síntoma es crónico en todos los niveles: desde el Gobierno Nacional hasta las municipalidades locales, pasando por una administración regional que parece entrampada en la burocracia de los expedientes deficientes y las licitaciones dudosas. La parálisis de estas obras públicas no solo frena el desarrollo social, sino que asesta un golpe directo al dinamismo laboral en un contexto donde el subempleo y la informalidad siguen ganando terreno.
¿Hasta cuándo las autoridades locales y regionales van a seguir utilizando la confrontación o los factores climáticos como la única narrativa para justificar la inacción? La ciudadanía ya no digiere el libreto de la eterna postergación. Es imperativo que el Gobierno Regional del Cusco y las alcaldías provinciales implementen de manera urgente mesas de destrabe técnico con soporte de la Contraloría y ministerios clave. Se requiere una reingeniería en las unidades ejecutoras, priorizando los proyectos de alto impacto social —como el saneamiento integral y las vías de comunicación— y cortando los lazos con contratistas insolventes o con antecedentes de abandono.
Cusco no puede darse el lujo de tener S/ 2,500 millones durmiendo el sueño de los justos en planillas archivadas y fierros abandonados. Cada día que una obra permanece paralizada es un día más de pobreza, frustración y retroceso. Recuperar el rumbo requiere capacidad técnica, pero sobre todo, voluntad política y honestidad. La reactivación de nuestra región no llegará únicamente con el flujo de visitantes a nuestras maravillas; llegará cuando las autoridades entiendan que el dinero del pueblo debe transformarse, con eficiencia y transparencia, en bienestar real para quienes habitan este suelo sagrado. Es hora de despertar del letargo del cemento inútil.






