Cusco ante la visita del Papa: la fe no puede convertirse en un negocio

La llegada de León XIV representa una oportunidad histórica para proyectar al mundo la grandeza espiritual y cultural de nuestra región. Sin embargo, el verdadero desafío será demostrar que Cusco está preparado para recibir al mundo con organización, transparencia y respeto por sus ciudadanos.

El próximo 15 de noviembre, Cusco vivirá una jornada histórica con la llegada del papa León XIV. Miles de fieles se preparan para participar en una de las visitas religiosas más importantes de los últimos años. La expectativa es enorme y las autoridades anuncian despliegues de seguridad, restricciones aeroportuarias, controles de acceso y una compleja organización para recibir a los visitantes.

Pero más allá de la emoción religiosa y del acontecimiento internacional, corresponde plantear una pregunta necesaria: ¿está Cusco realmente preparado para recibir al Santo Padre o estamos concentrando todos nuestros esfuerzos únicamente en mostrar una ciudad bonita durante unas horas?

La visita papal no puede reducirse a fotografías, ceremonias, discursos y escenarios cuidadosamente acondicionados. Tampoco puede convertirse en una oportunidad para que determinados sectores pretendan obtener beneficios económicos aprovechándose de la fe y la expectativa de miles de personas.

Las autoridades han informado sobre importantes medidas de seguridad. Incluso se ha anunciado la suspensión de 14 vuelos comerciales en el aeropuerto Alejandro Velasco Astete durante la jornada del 15 de noviembre. Asimismo, se han realizado inspecciones en Sacsayhuamán y coordinaciones para garantizar el desplazamiento del pontífice.

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Son medidas necesarias, pero la organización también debe garantizar información transparente, distribución equitativa de acreditaciones, control de precios, protección del patrimonio y respeto a los derechos de los ciudadanos. La fe no debe tener intermediarios interesados ni convertirse en mercancía.

Cusco necesita demostrar que puede organizar acontecimientos de dimensión internacional sin improvisaciones, privilegios ni aprovechamientos particulares. Los comerciantes, transportistas, empresarios hoteleros y operadores turísticos tienen derecho a beneficiarse de la actividad económica que genere esta visita, pero también tienen la obligación de actuar con responsabilidad y ofrecer servicios dignos.

No debemos olvidar que nuestra ciudad enfrenta problemas estructurales que permanecen sin solución: deficiencias en el transporte, inseguridad ciudadana, desorden comercial, contaminación ambiental y servicios públicos que todavía no responden a las necesidades de la población.

Por eso, sería lamentable que, después de la partida del Papa, todo vuelva a la misma realidad de siempre.

La visita de León XIV debe dejar algo más que recuerdos. Debe convertirse en una oportunidad para recuperar valores, fortalecer la solidaridad y exigir que nuestras autoridades trabajen con visión de futuro.

El mensaje de la Iglesia debe encontrar correspondencia en las acciones de quienes gobiernan y administran los recursos públicos. No basta con hablar de humildad, justicia y servicio mientras persisten las desigualdades y la falta de transparencia.

Cusco tiene una responsabilidad histórica. Recibir al Papa significa también recibir al mundo y demostrar que somos una sociedad capaz de organizarse, respetar su patrimonio y defender la dignidad de su gente.

Que la fe no sea utilizada para hacer negocios, que la devoción no sirva para justificar privilegios y que esta visita no termine convertida en una fotografía pasajera.

Porque el verdadero legado de León XIV no debería medirse por la cantidad de personas que lleguen a Sacsayhuamán, sino por la capacidad de los cusqueños para convertir este acontecimiento en una oportunidad de unidad, reflexión y cambio.

Cusco merece mucho más que una ciudad preparada para recibir al Papa durante unas horas. Merece autoridades preparadas para trabajar por su pueblo todos los días.

 

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