La visita del papa León XIV al Cusco ya dejó de ser solamente un acontecimiento religioso. A pocos días de su llegada, prevista para el domingo 15 de noviembre, la ciudad enfrenta uno de los mayores desafíos logísticos de los últimos años. Miles de peregrinos llegarán para participar de las actividades previstas en Sacsayhuamán y el Centro Histórico, mientras las autoridades intentan garantizar seguridad, transporte y orden.
El problema es que, detrás de la emoción de recibir al pontífice, aparecen preguntas que no pueden ser ignoradas.
La suspensión temporal de operaciones en el aeropuerto Alejandro Velasco Astete afectará a 14 vuelos comerciales y a miles de pasajeros. Las restricciones se aplicarán durante varias horas y obligarán a las aerolíneas a reprogramar itinerarios. El Gobierno ha anunciado medidas de contingencia, pero para el sector turístico la comunicación pudo haber sido mucho más anticipada.
Y aquí aparece una primera lección: una ciudad que vive del turismo no puede enterarse tarde de las decisiones que alteran su principal puerta de ingreso.
La visita papal representa, sin duda, una oportunidad económica. La Cámara de Comercio de Cusco calcula un movimiento cercano a los S/72 millones, impulsado principalmente por hospedaje, alimentación y transporte. También se proyecta la llegada de unos 50 mil visitantes procedentes de otras regiones y países vecinos.
Pero oportunidad no debe significar abuso.
Si aumentan las tarifas de hospedaje, transporte o alimentación simplemente porque existe una demanda extraordinaria, Cusco corre el riesgo de enviar al visitante un mensaje equivocado: que aquí la hospitalidad tiene precio de ocasión. El turismo puede generar riqueza, pero la especulación termina destruyendo confianza.
La seguridad también será puesta a prueba. Se ha previsto un despliegue aproximado de 4 mil policías y el apoyo de 500 militares, mientras se preparan controles de acceso y mecanismos de identificación para los principales espacios de concentración.
Todo ello resulta necesario. Sin embargo, la seguridad no puede convertirse en desorden para el ciudadano común. Las restricciones deben ser claras, públicas y oportunamente comunicadas.
Cusco no necesita solamente una gran operación policial. Necesita una gran operación de transparencia.
Las autoridades municipales, regionales, policiales, eclesiásticas y nacionales tienen la obligación de explicar qué se hará, cuánto costará, quién asumirá cada responsabilidad y qué quedará después del acontecimiento.
Porque el Papa se irá el mismo día. Los cusqueños, en cambio, permanecerán aquí.
Y serán ellos quienes continúen enfrentando el tráfico, las calles congestionadas, los servicios deficientes, los problemas del transporte y las necesidades de una ciudad que todavía espera soluciones permanentes.
La visita de León XIV puede ser histórica para Cusco. Pero su verdadero éxito no debería medirse únicamente por la cantidad de fieles reunidos o por las imágenes que recorrerán el mundo.
Debe medirse por nuestra capacidad de recibir al visitante sin atropellar al ciudadano, generar actividad económica sin permitir abusos y organizar un acontecimiento mundial sin sacrificar la tranquilidad de la ciudad.
Cusco merece recibir al Papa con fe, pero también con orden, transparencia y respeto. La espiritualidad no debe convertirse en excusa para la improvisación ni para el negocio fácil.
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