Tema: combustible ilegal

  • Las instituciones públicas dejan a Machupicchu desatendido y en el abandon

    Las instituciones públicas dejan a Machupicchu desatendido y en el abandon

    La falta de supervisión por parte de instituciones como SUNAT, SUNAFIL, OSITRAN, OSINERGMIN, PNP y la Fiscalía genera gran preocupación. Esta inacción perjudica los derechos laborales, la recaudación tributaria y la preservación del Santuario Natural, además de afectar negativamente la reputación de la Maravilla del Mundo

    Han transcurrido varias semanas desde que la empresa San Antonio de Torontoy quedó en el ojo de la tormenta. A pesar de haberse comprobado que actuó con dolo en el proceso convocado por la municipalidad de Urubamba, lo cual llevó a la anulación del contrato firmado, esta compañía ha irrumpido sigilosamente en Machu Picchu para operar de manera clandestina en la ruta Hiram Bingham. Tal acción no solo representa un grave desacato a la ley, sino que pone en riesgo la seguridad de los turistas que visitan esta emblemática Maravilla del Mundo.

    Además, se especula que las operaciones podrían estar incurriendo en más irregularidades respecto al uso de combustible no regulado y sin ninguna base legal. La gran interrogante aquí es: ¿dónde están las autoridades? Si bien se han emitido ciertos pronunciamientos, como el del gobernador del Cusco, Werner Salcedo, quien comparó la situación de Machu Picchu con una «tierra de nadie», o las declaraciones del titular de Osinergmin alertando sobre un posible tráfico de combustibles para abastecer las unidades ilegales de la empresa, hasta ahora no se han tomado acciones concretas para poner fin a este caos.

    Lo que ocurre en Machu Picchu afecta mucho más que a los turistas o habitantes locales: daña profundamente la imagen de un Perú que, frente a los ojos del mundo, parece permitir que en su emblema cultural y patrimonial las leyes pasen a segundo plano. Es particularmente alarmante que entidades como Osinergmin y la SUNAT no estén actuando con firmeza, especialmente con pruebas y denuncias tan evidentes.

    Según diversas investigaciones, se estaría aprovechando un beneficio tributario destinado a la Amazonía peruana para conseguir combustible bajo condiciones favorecidas, transfiriéndolo ilegalmente a Machu Picchu Pueblo desde la provincia de La Convención. Esto no solo desvirtúa la finalidad original de la exención tributaria, sino que también abre puertas a delitos más graves como la minería ilegal o el narcotráfico.

    En entrevistas recientes con un representante de Osinergmin en Cusco, se ha sugerido incluso que el transporte del combustible se realiza en pequeñas cantidades. No obstante, esta afirmación carece de sustento al ignorar el hecho de que múltiples personas estarían movilizando bidones y baldes de forma simultánea para suministrar a la empresa infractora. Lo más preocupante es que esas cantidades menores son trasladadas en trenes que no están diseñados ni autorizados para transportar sustancias peligrosas, poniendo en peligro a pasajeros y empleados por igual.

    No solo está comprometida la seguridad pública; también parece haber serias irregularidades laborales. Imágenes recientes muestran a trabajadores de la empresa San Antonio de Torontoy cargando grandes bidones de combustible sobre sus hombros sin ningún tipo de equipo de seguridad, exponiéndose abiertamente a accidentes laborales. Además, se ha señalado que dicha empresa tendría únicamente 11 trabajadores declarados en planilla, lo cual hace presumir que buena parte del personal opera sin respetar las leyes laborales.

    A esto se suma un preocupante desinterés por parte de la Policía Nacional y el Ministerio Público para abordar este tema. El transporte ilícito de combustible en una zona protegida como Machu Picchu no es un asunto menor: un accidente podría desencadenar una tragedia humana, además de representar un atentado irreversible contra el patrimonio natural y cultural, reconocido como tal por la UNESCO. Los trenes parecen haberse convertido en vehículos improvisados para trasladar tambos de gasolina, desobedeciendo normativas esenciales y generando un peligro constante para quienes se aventuran a viajar en ellos. OSITRAN también debería intervenir para fiscalizar cómo es posible que estas irregularidades persistan, incluyendo el uso clandestino de las vías ferroviarias por parte de vehículos hechizos.

    Es imperativo detener esta situación que ha puesto al destino turístico más importante del Perú al borde del colapso legal y ambiental. Machu Picchu no puede seguir siendo un espacio sin ley ni control. El cumplimiento efectivo de las obligaciones por parte de las instituciones del Estado ya no puede postergarse. En cuanto a una solución definitiva, todo parece indicar que sigue habiendo incertidumbre sobre la licitación para administrar adecuadamente la ruta Hiram Bingham.

    A pesar del compromiso asumido por el alcalde Ronald Vera ante la Presidencia del Consejo de Ministros, los avances parecen ir a paso lento y con múltiples complicaciones. La situación deja claro que el tiempo apremia y los problemas no harán más que agravarse si no se actúa con celeridad y determinación. Es hora de un cambio real para proteger uno de los mayores tesoros culturales y turísticos no solo del Perú, sino del mundo entero.

  • Las entidades públicas dejan en el abandono a Machu Picchu

    Las entidades públicas dejan en el abandono a Machu Picchu

    La falta de supervisión por parte de instituciones como SUNAT, SUNAFIL, OSITRAN, OSINERGMIN y la Fiscalía genera gran preocupación

    La falta de acción contribuye a la vulneración de derechos laborales, la disminución en la recaudación tributaria y la desprotección del santuario natural, impactando también la reputación de esta maravilla mundial

    Han pasado varias semanas desde que la empresa San Antonio de Torontoy fue evidenciada por cometer dolo en el proceso convocado por la municipalidad de Urubamba, lo que llevó a la anulación del contrato suscrito. Sin embargo, esta empresa ha seguido operando clandestinamente en Machu Picchu, ofreciendo servicios de transporte en la ruta Hiram Bingham, generando un alto riesgo para los turistas que visitan esta maravilla del mundo.

    Además, estas actividades estarían relacionadas con irregularidades en el transporte de pasajeros entre Puente Ruinas y la Ciudad Inca de Machu Picchu, empleando combustible sin cumplir con las disposiciones legales vigentes. Resulta preocupante que ninguna de las instituciones estatales encargadas de velar por el cumplimiento de la ley y proteger los derechos de la población haya tomado acciones concretas frente a estas irregularidades. Solo han emitido declaraciones figuras como el gobernador del Cusco, Werner Salcedo, quien afirmó que «Machu Picchu se ha convertido en tierra de nadie».

    Por su parte, el titular de Osinergmin denunció la existencia de tráfico de combustibles destinados a abastecer a esta empresa ilegal. Estas situaciones no solo comprometen la seguridad de los visitantes, sino que también afectan gravemente la imagen de Machu Picchu, exponiendo la falta de respeto a las leyes en un símbolo nacional e internacionalmente reconocido. Es particularmente llamativo que, además de Osinergmin, SUNAT tampoco haya realizado fiscalizaciones con respecto al tráfico de combustible. Presuntamente, se estarían utilizando hidrocarburos exonerados del pago del IGV, beneficio dirigido a zonas amazónicas como la provincia de La Convención.

    Este combustible sería trasladado posteriormente hacia Machu Picchu Pueblo, desvirtuando los objetivos del beneficio fiscal y demostrando lo sencillo que resulta obtener combustibles irregularmente. Esto podría facilitar actividades delictivas como minería ilegal o narcotráfico. Recientemente surgieron entrevistas a representantes de Osinergmin en Cusco que parecen manipuladas, sugiriendo que el transporte del combustible se realiza en pequeñas cantidades. Sin embargo, esta afirmación es inexacta, ya que diversas personas transportan cantidades menores que, en conjunto, terminan abasteciendo a esta empresa ilegal.

    Adicionalmente, este combustible es transportado mediante trenes públicos, medios inapropiados para tal propósito, poniendo en riesgo a los pasajeros. Cabe recordar que la vía restringida por la cual se presta el servicio solo es accesible mediante ferrocarril. Por otra parte, SUNAFIL tampoco ha implementado acciones claras respecto a esta situación. Imágenes recientes muestran cómo los trabajadores de la empresa cargan grandes bidones de combustible sin las mínimas condiciones de seguridad, arriesgando su integridad física. Además, la empresa ha declarado únicamente 11 trabajadores en su planilla, lo cual sugiere que podría haber personal laborando sin que se respeten las normativas laborales.

    Tampoco se evidencia intervención por parte de la Policía Nacional ni del Ministerio Público para sancionar el traslado ilegal de combustibles en una zona protegida como Machu Picchu. Un accidente asociado con esta práctica no solo supondría la pérdida de vidas humanas, sino también un grave atentado contra el patrimonio cultural y natural inscrito en la lista de la UNESCO.

    Existen reportes e imágenes que muestran personas transportando bidones y baldes con combustible desde vagones ferroviarios, incumpliendo las normativas para el uso de trenes y exponiendo a los pasajeros a peligros considerables. Esto refuerza la urgencia de una acción inmediata por parte de OSITRAN para garantizar el cumplimiento de las reglas sobre transporte ferroviario y evitar el uso clandestino e inseguro de los rieles. Machu Picchu no puede seguir siendo una «tierra de nadie».

    Es imperativo que las instituciones del Estado cumplan con sus funciones y actúen con celeridad para mitigar riesgos, garantizar la seguridad y proteger este invaluable patrimonio. En paralelo, persiste la incertidumbre respecto al proceso de licitación para solucionar estos problemas en la ruta Hiram Bingham. El alcalde Ronald Vera se comprometió ante la Presidencia del Consejo de Ministros a abordar este tema; sin embargo.